miércoles, 9 de mayo de 2018

La escasez de medicinas mata en Venezuela - Álvaro Fuente


El desabastecimiento en farmacias y hospitales pone en peligro la vida de miles de enfermos crónicos y trasplantados

En el entorno de la farmacia situada cerca de la plaza Francia, en Caracas, hay alboroto desde primera hora de la mañana. Se ha corrido el rumor de que habrían recibido una remesa con diversos medicamentos. Pero no ha sido así. Al abrir las puertas de la botica los primeros clientes se vuelven a encontrar el panorama desolador de los últimos meses: sus estantes siguen casi vacíos provocando la irritación de una cincuentena de personas que esperaban en la calle.

Un hombre de mediana edad no disimula su frustración: “¡Estamos pagando la crisis con nuestras vidas!”, exclama indignado.
Buscar medicinas en Venezuela se ha vuelto una tarea compleja e inasequible. Farmacias, consultorios y hospitales están desprovistos de la mayoría de los fármacos necesarios para los enfermos. “Apenas tenemos que vender porque no hay materia prima con la que los laboratorios venezolanos puedan fabricar los medicamentos que demanda la población. Entiendo la ira de esta gente ya que las consecuencias son dramáticas, los enfermos corren demasiados riesgos, sufren de manera innecesaria”, asegura Carlos, dependiente de la farmacia.

Sin recursos por el desplome del precio del petróleo desde 2014, a Venezuela se le suma una crisis sanitaria por la falta de materiales en los hospitales y una alarmante escasez de medicamentos que ha provocado un aumento en la mortalidad infantil y materna, además de un repunte en los casos de enfermedades infecciosas y víricas como la malaria —con 175.000 casos confirmados en el estado Bolívar— o la difteria, según indica el Boletín epidemiológico que el Ministerio para la Salud de Venezuela publicó hace unos meses con las estadísticas del año 2016, después de tres años en silencio. Un documento que ha convulsionado uno de los pilares que sostenía el orgullo de la llamada revolución bolivariana: la calidad y la amplitud de la asistencia social y sanitaria.

La Federación Farmacéutica Venezolana, (Fefarven), estima que ocho de cada diez medicamentos no están disponibles en las farmacias por la hiperinflación que afecta a la economía venezolana. También apunta que la escasez se ubica en un 90% en el caso de los fármacos de alto costo para enfermedades como cáncer, VIH y hemofilia. Además, durante el pasado mes de enero se registraron un aumento en el precio de los medicamentos entre 1.000% y 3.000%, según su presidente Freddy Ceballos.

La desesperación es tal que incluso hay familias que buscan alternativas a la medicina, como los curanderos

Claudia vive desde hace meses preocupada intentando localizar en hospitales y farmacias los medicamentos necesarios para tratar a su hijo. Pero hoy está ilusionada, acaba de recibir una llamada del hospital de niños J. M. de los Ríos y no quiere perder el tiempo. Llevaba varios días sin poder darle a Fabio su tratamiento para el transplante de riñón de manera continuada pero ahora su doctora le ha conseguido un par de cajas y ya puede respirar tranquila, al menos por un mes. “Ha estado sin tomar el Prograf los últimos 12 días y su cuerpo podría rechazar el trasplante. Nos mantenemos alerta para buscarlos de cualquier forma pero su coste fuera de Venezuela puede llegar a los 200 euros. He tenido que vender mi carro y pedir dinero prestado para poder comprar las medicinas en la frontera con Colombia. Incluso me he hecho chavista para sacarme el carnet de la patria y poder acceder al programa 0800 Salud Ya, aunque hace semanas que no recibo respuesta”, afirma Claudia. Se trata de un sistema de distribución de medicamentos que fue reimplementado por Nicolás Maduro en octubre pasado. Francisco Valencia, presidente de la Coalición de Organizaciones por los Derechos a la Salud y la Vida, (Codevida), manifestó que su capacidad “limitada e insuficiente”, calificó este mecanismo “como un instrumento político que no solventará el problema de emergencia que afecta al país”. “Además, al llamar a este servicio lo primero que te solicitan en un carnet de la patria, violando los principios internacionales de ayuda para el acceso de medicamentos”, asegura Valencia.

La coordinadora de la Asociación Venezolana para la Hemofilia (AVH), la doctora Antonia Luque, denunció que en Venezuela existe casi total desabastecimiento de medicamentos para prevenir el “sangramiento” que provoca dicha enfermedad. “Entre 2016 y 2017 se han registrado 39 muertes a causa de esta patología, nueve de ellas por la falta de concentrados anti hemofílicos, entre los que destacan seis menores de edad. Un marco de escasez que ha paralizado las unidades de diálisis de forma masiva”, asegura la doctora Luque. Una situación cada vez más insostenible por la falta de insumos y medicamentos: la mitad de los hospitales públicos presentan un deterioro crónico de los equipos médicos no pueden realizar cirugías. No disponen de cosas básicas como comida y agua potable, incluso los propios pacientes tienen que desinfectar sus habitaciones, ya que los centros médicos se convierten en un caldo de cultivo para las infecciones bacteriológicas por las que están muriendo los pacientes, especialmente los recién nacidos.

Durante el pasado mes de enero se registraron un aumento en el precio de los medicamentos entre 1.000% y 3.000%

Los niños ingresados en el hospital J. M. De los Ríos llevan un mes sin su quimioterapia y ya se han registrado una veintena de casos de rechazo de órganos por falta de los medicamentos que de por vida deben tomar los trasplantados. “Las personas con condiciones de salud crónicas dependientes de la salud pública han visto una interrupción casi absoluta del acceso a medicina. 16.000 personas están en riesgo inminente de muerte por el cierre de las unidades de diálisis”, estiman desde Codevida, “5.660 mujeres con cáncer de mama diagnosticadas anualmente que no tienen acceso a quimioterapia y que, al menos, seis fallecen diariamente; 5.220 con hemofilia se encuentran privadas de factores de coagulación desde hace varios años y 349 corren hoy el peligro de perder la vida”.
Después de un viaje de 16 horas en autobús, Juan Pablo Ramírez, un chico de 27 años enfermo de hemofilia, apenas se puede mover si no es por su madre. La doctora Luque les había avisado de la llegada de una donación de medicamentos para su enfermedad. “Me quitaron las profilaxis ya que los tratamientos no llegaban para todos los hemofílicos y me he deteriorado. Ando con muletas y dependo de mi madre para desplazarme. Podría llevar una vida normal si me medicase diariamente pero he perdido mi calidad de vida y se la he arrebatado a mis familiares. ¡Somos invisibles para el Gobierno!”, exclama Juan Pablo.

Lo mismo indica César Hernández, enfermo de Sida, una enfermedad que afecta a unas 80.000 personas en el país. “Solo en Vargas hace seis meses no recibimos ni retrovirales ni reactivos, por lo que es muy fácil que se pueda propagar muy rápido la enfermedad. Llegan 80 unidades para los más de 3.000 enfermos que somos en el municipio. No nos brindan el derecho a la vida, incluso nos han sentenciado a muerte por el orgullo de negarse a reconocer su fracaso político”. En lo que va de año han muerto 43 pacientes del VIH solo en Carabobo, provincia a unas dos horas de Caracas, por la falta de medicinas para su tratamiento como indica el diario El Nacional.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, ACNUDH, en un informe del 9 de febrero hace un llamado urgente “al gobierno venezolano a que tome medidas para enfrentar la crisis, y a la comunidad internacional a apoyar medidas que eviten una tragedia de grandes proporciones”. Y continúa: “La población en Venezuela está sufriendo múltiples violaciones a sus derechos humanos. Muchas personas están sufriendo desnutrición, y la situación de salud ha alcanzado niveles intolerables, especialmente para las personas que sufren de enfermedades crónicas y terminales, tales como diabetes, deficiencia renal y cáncer”.

Las redes sociales se han convertido en una farmacia virtual muy útil para ayudar a los pacientes a conseguir sus tratamientos

También la organización Codevida instó al gobierno a aceptar la ayuda de la Organización Mundial de Salud (OMS) para obtener medicamentos económicos subsidiados del Fondo Rotatorio-Estratégico de Medicinas de la OMS para situaciones de emergencia, una iniciativa que fue rechazada sistemáticamente por el gobierno de Maduro, que según la Comisión de Salud de la Asamblea Nacional se niega a reconocer la existencia de una crisis sanitaria. Ante esta continuada negativa para aceptar auxilio, países como Colombia, Canadá y Estados Unidos han encontrado el modo de ayudar sin tocar suelo venezolano instalando puntos de ayuda en ciudades fronterizas abriendo así un canal humanitario para venezolanos, pero desde las fronteras, logrando así una migración masiva de venezolanos a países vecinos como Colombia para buscar atención médica.

Aunque la crisis de salud que vive Venezuela sea de una magnitud descomunal, la solidaridad ciudadana ha logrado sutilmente reducir su impacto. Desde emisoras como Radio Caracas realizan a diario un llamamiento a la población para conseguir las medicinas que los oyentes necesiten, incluso llaman familiares de enfermos recién fallecidos para donar sus tratamientos.

También las redes sociales se han convertido en una farmacia virtual muy útil para ayudar a los pacientes a conseguir sus tratamientos, mediante la creación de aplicaciones, publicaciones en la web o en cuentas de Facebook, Twitter e Instagram, destinadas a realizar consultas, recibir solicitudes y poder realizar donaciones de las medicinas.

“La situación es terrible, hay una ausencia absoluta y prolongada de medicamentos que afecta a cualquier persona enferma”, señala Feliciano Reyna, presidente de Acción Solidaria, una organización que comenzó en 2016 con la entrega de medicamentos solicitados por línea telefónica. “La iniciativa empezó a funcionar para garantizar fármacos a quienes los buscan y no los consiguen. En mayo de 2016 atendimos a unas 140 personas, y ya en octubre de 2017 se dio respuesta entorno a unas 2.000”, indica Reyna, “Mientras tanto los envíos de medicamentos a Venezuela son facilitados por pasajeros que los traen en sus maletas y, afortunadamente, ha habido la buena voluntad de los funcionarios y no los requisan [el Gobierno prohíbe el transporte privado de medicinas y alimentos]”, añade.

“Hasta ahora hemos movilizado unas 40 toneladas de ayuda en medicinas e insumos médicos desde diversas partes del mundo como Estados Unidos, México, Italia o España, donde familias y colectivos se han sumado a la cooperación de forma espontánea”, concluye Reyna. Una urgencia que han tomado en cuenta diversas organizaciones como la Asociación de Amigos de Venezuela en Asturias, que envía mensualmente medicinas que obtienen sus 200 socios abriendo así un pequeño canal humanitario dirigido a una red de profesionales de la salud que trabajan con el hospital Vargas, la planta de oncología infantil del J. M. De los Ríos o la Organización Nacional de Transplante de Venezuela. Desde junio del pasado año han logrado enviar 1.060 kilos de fármacos. “Tenemos como prioridad el tratar de ayudar a salvar vidas aunque sea el Estado el que tenga la obligación de movilizar los recursos”, afirma Amalia Balmori presidenta de la asociación, “mucha gente va a seguir sufriendo y muriendo mientras sigan administrando la miseria”.

La desesperación es tal que incluso hay familias que buscan alternativas a la medicina, “nos sirve cualquier idea para conseguir lo necesario que es curarnos o al menos aliviar nuestro dolor”, afirma Gabriela, una enferma renal que espera frente a una casa de sanación espiritual en el callejón Santa Eduvigis, al este de Caracas. En los últimos meses el conocido como Callejón de los Brujos es un hervidero de enfermos buscando tratamiento en manos de los curanderos con la esperanza de aliviar las dolencias que no pudieron atender en el desplomado sistema de salud del país.


Caracas 9 MAY 2018 - 00:00 CEST EL PAIS
 Una madre da de beber agua a su hijo postrado en una silla de ruedas en Caracas. ÁLVARO FUENTE



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