martes, 10 de noviembre de 2015

Ingratitud - Eleazar Ontiveros Paolini. Comentario de Luis Manuel Cuevas Quintero



En momentos en que el entusiasmo reina en el gremio por la inminente elección el miércoles, 11 de noviembre, del nuevo Comité Ejecutivo de Apula, las directivas de las once seccionales ordinarias y  las directivas  de cada una de tres seccionales especiales: Táchira, Trujillo y la nuestra, la  de los profesores jubilados, sentimos como una punzada las posiciones tomadas por los profesores Jubilados Guido Ochoa y Manuel Briceño, ambos diputados, en la Asamblea Nacional, lo que ha generado una oleada de protestas reclamos y hasta la aparición de mensajes  irónicos por parte de muchos universitarios, al considerar la desproporción y arbitrariedad de lo propuesto por dichos profesores.
De todas maneras, las elecciones se darán de la mejor manera y llegamos a entender que su éxito es una respuesta determinante a los desplantes y atrevimientos de los susodichos. Una vez más se demuestra que los oficialistas enemigos de la Universidad denigran a tambor batiente, pero ni siquiera tienen el atrevimiento de conformar planchas de PSUV para medirse en el ámbito universitario, por saber de antemano que sufrirían una contundente derrota, tal como sucedió en el Colegio de Ingenieros, donde la oposición obtuvo aproximadamente el 80% de los votos.

A nuestra universidad, en la cual es mayoría la oposición al Gobierno, este le ha dado grandes mordiscos motivados por el resentimiento ,  por considerarla, sin  duda, un foco irritativo para quienes gobiernan, incapaces de soportar una disidencia inteligente, de hombres y mujeres con formación sólida y que por tanto no pueden ser metidos en el redil de la insustancial, insípida, desabrida y arbitraria revolución, que actúa, incluso, negando hasta los  propios principios básicos del marxismo, que  se suponía eran la base de sustentación ideológica y doctrinaria, para sustituirlos por la corrupción, la ineficiencia, el canto agudo de la arbitrariedad y el peso decisorio de la indigna  bota militar, que en vez de defender, como es su deber sustantivo , a la Constitución, han puesto sobre ella sus pesadas charreteras, haciendo prevalecer la prepotencia que como tal resulta de la propia adulancia de un Gobierno que le da prebendas a diestra y siniestra, de manera tal que se mantengan alejados de la posible tentación de un golpe. Sobresale la ignominiosa decisión de que los uniformados ocupen más de 15.000 cargos públicos, que por su naturaleza deben ser ocupados por civiles.

Dichas estas generalidades, necesarias por lo demás, adentrémonos en considerar lo que nos hizo distinguir al editorial de hoy con el título “Ingratitud”.

 Cuenta la historia que el Condestable de Castilla, Álvaro de Luna, que por tal mandaba en los ejércitos del Rey Juan II, en una oportunidad en que, adentrado en el bosque en búsqueda de alguna pieza de caza, encontró a un hombre muy compungido, con los ojos destruidos horrorosamente. Curioso, desmontó de su caballo y le preguntó ¿qué te pasó, buen hombre? Este respondió con ansiedad: yo siempre he criado cuervos y en una oportunidad en que le daba de comer a uno de ellos, inesperadamente atacó mis ojos y los destruyó. Dicen los narradores que ese fue el origen de la vieja y muy conocida sentencia: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”.

Se aplica, entonces, para indicar la ingratitud, la desafección y el desagradecimiento de personas que, habiendo recibido favores de alguien, lo desconocen o le pagan con acciones injustas, indebidas o palabras que agreden.

Lo anterior viene a colación por lo propuesto en la Asamblea Nacional por profesores de nuestra Universidad, que forman parte de la bancada del Gobierno, generado un rechazo masivo entre los universitarios. El profesor Guido Ochoa, ex - Decano de la Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales, le pidió a la Asamblea, a viva voz, y sin denotar ningún rubor, que se interviniera de una vez por todas a nuestra universidad y que se demandara al cuentadante de la misma, el Rector, alegando que, sin razón, se habían suspendido las actividades. Otro profesor, Manuel Briceño, solicitó se sometiera a una auditoría, suponiendo irregularidades administrativas y que, por otra parte, se le dejara de pagar a los que no fueran a trabajar.

Ellos se olvidan que construyeron su familia, lograron una casa, sedimentaron su vida, adquirieron sus conocimientos, obtuvieron su título e incluso tuvieron toda la facilidad para hacer postgrado en el exterior, al amparo de una Institución generosa que hasta donde sabemos, no les negó nada de lo encuadrado en sus derechos como profesores y que, por otra parte, es significativo, gozaron de unos salarios satisfactorios que los libraron de  tener apremios en cuando  a la satisfacción de lo contemplado en la hoy llamada Cesta Básica, de la  posibilidad de ahorrar, de gozar de dos periodos largos de vacaciones y de viajes al exterior y de educar a sus hijos sin muchos sobresaltos ¿No recordarán, o es que la amnesia los tiene apabullados por tanto desapego, que la autonomía que hoy pretenden con ahínco que se difumine en los bolsones prefabricados e inadecuados de las universidades bolivarianas, fue el abrevadero donde desarrollaron su actividad política contestaría, a veces con tonos altisonantes, sin sufrir  acoso de ninguna naturaleza? Las razones de la suspensión de actividades se conocen a la perfección pues han sido difundidas por los más diversos medios; la universidad tiene una contraloría interna que controla a priori y a posteriori y lo mismo hace la Contraloría General de la República, la cual,  a la hora que lo quiera puede revisar las cuentas de la Institución, lo que quiere decir que de haber alguna irregularidad, ella, la Contraloría, la estaría cohonestando por su incapacidad de controlar; demandar al cuentadante de la universidad, el Rector, es arbitrario, pues la suspensión ha sido convocada por el gremio y no por la Institución, aunque sabemos que personalmente él ha estado de acuerdo con las directrices del Comando Intergremial, al igual que todos los miembros del Consejo Universitario, exceptuando, por supuesto, a los voceros del Gobierno que actúan más en función de las órdenes que provienen de fuentes conocidas y no con base a la interpretación crítica de los problemas universitarios. ¿No recordarán que cuando ordinarios, si bien había agitación política, en ningún caso se enardeció la protesta porque hubiera salarios insatisfactorios como los de hoy, falta de insumos o presupuestos desproporcionadamente deficientes?  ¿No sería lo procedente que, de notar alguna irregularidad en la Universidad, como diputados y a la vez egresados de ella gratuitamente y sin discriminaciones, las discutieran en el Consejo Universitario de manera constructiva, previa solicitud del derecho de palabra? Pero no, priva la obcecación opiácea de una revolución de papel, alicaída, a la que sólo sostiene la arbitrariedad, la sumisión de las fuerzas armadas y los pocos dólares que ingresan por la venta de petróleo, soslayando lo que en la universidad aprendieron del valor de la disidencia y del principio de la inexistencia de valores absolutos. ¿Se olvidaron acaso de que la universidad tuvo siempre por norma dado que ello es parte de su esencia, la actitud contestaría crítica y la concepción de que la democracia es un sistema de disensos donde el único consenso posible es sentarse a discutir la razón de los disensos?

Lo que pasa es que no soportan que la universidad no incline la cerviz al Gobierno  por lo cual pelearon en su época , máxime cuando saben a ciencia cierta que en su seno no ganarán nunca una elección. Conocemos la banal y hasta infantil justificación de su ingratitud, la cual sin rubor la esgrimen día a día los supuestos revolucionarios, y que está dada por decir que cuando luchaban como contestatarios, lo hacían contra un gobierno burgués, apátrida y corrupto, pero ahora no es así, porque el gobierno es otro, uno impoluto, que no tiene fallas de ninguna especie y que por lo tanto no debe ser atacado de ninguna manera, ya que  hacerlo es ir contra la propia historia, el sentido común y, consecuencialmente, contra el pueblo ¿…? Que vulgar pretensión de hacer que razonamiento tan banal, tan trivial y baladí sea asimilado como cierto por los que libres de la obnubilación y de la compra de castillos esperanzadores, de promesas de nirvanas en la tierra, se oponen a los procedimientos y concepciones políticas, ya bastante arcaicas, vetustas y añosas, inadecuadas para enfrentar la solución de problemas en cualquier sociedad moderna.  La actitud de nuestros profesores diputados, por otra parte, denotan desprecio por quien los cobijó. Esto es tan cierto que cuando critican a la universidad respecto a los presupuestos, aleganado su desconsideración al no ponderar la disminución sustancial de dividas por las bajas del petróleo, esconden el hecho de que cuando los precios eran boyantes, llegando a sobrepasar los 100 $ por barril de petróleo, se mantenían las mismas deficiencias y se recondujeron los presupuestos desde el 2007.

El otro argumento absurdo y por tal infantil, es el propugnar como una verdad incontrovertible, que las Universidades de acuerdo con el imperio, es decir, en confabulación con el pentágono, encabezado por el Presidente Obama, pretende implantar en Venezuela otra Libia, Siria o Afganistán, países que tienen en común estar sumidos en guerras atroces.

La guinda de la torta está dada porque los diputados, supuestamente universitarios, lo que debieron haber promovido, conjuntamente con su asistencia al Consejo Universitario, era algo sensato: que la Asamblea invitara a las autoridades de cada institución para conocer a profundidad los problemas, intercambiar ideas y, en consecuencia, generar las formas más democráticas y adecuadas de resolver los problemas. Pero no. La verdad la tiene siempre la superdotada bancada del gobierno y por lo tanto nadie tiene que ser consultado para tomar sus decisiones; ella lo sabe todo.

Pero aclaremos. La Universidad, dado que parte de su esencia está en considerar que no es como institución infalible y perfecta en su funcionamiento, es por tal autocritica, proclive a considerar con propiedad sus fallas, sus errores, sus posibles focos de incompetencia, única manera de dimensionar con propiedad los correctivos. Y también recibe como algo positivo las críticas externas que de determinarse como razonables pueden ayudarla, inducirla a diseñar correctivos apropiados. Resulta entonces, quizás como corolario, que los problemas no se pueden mostrar con una generalidad que difumina cualquier apreciación objetiva, tal como lo han hecho los profesores diputados. Todos los problemas tienen que ser precisados, pues precisas deben ser las soluciones. Es lo que debió haber sucedido y debe suceder. Lo demás son demostraciones de resentimiento, de animadversión, animosidad y tirria ante lo que se escapa de sus manos y que, en consecuencia, nunca se prestará para aupar o defender procesos rayanos en lo absurdo







Es evidente que Autonomía y totalitarismo son incompatibles.

(Un comentario sobre la Autonomía cercada).

Luis Manuel Cuevas Quintero



Ante lo sucedido recientemente en la Asamblea Nacional de Venezuela que sigue una hoja de ruta de años para cercar las universidades, debemos reflexionar y pensar muy bien sobre qué respuesta debemos dar todos y cada uno de los miembros de la comunidad universitaria ampliada. 

Celebro que al menos ya hay una respuesta como la del Dr. Ontiveros Paolini que se suma a la emitida por la Organización de ex-rectores de la Universidad de Los Andes, pero faltan más, y ello,  es urgente dado el campo dialéctico que ha emergido con una violencia y una desmemoria preocupante en el choque entre proyectos totalitarios, inercias mentales y autonomías amedrentadas. 

Es imposible entender dentro de una inscripción de autonomía y de pensamiento libertario, la impunidad moralista en la que actúan los intelectuales dogmáticos del gobierno que convierten la Asamblea Nacional en una Asamblea de partido. 

La tesis pars destruens pars construens que intentan impulsar a través de la intervención claramente pregonada -sin mayores formas del lenguaje y mucho menos de principios y premisas sostenibles-,  desde una posición de falsa autoridad académica (que podemos discutir en debate abierto), puede conducir a terminar de fragmentar un país gravemente desmembrado en sus referentes culturales, ciudadanos, comunitarios, territoriales e institucionales. 

Hay rumores en Comala y callar o susurrar, no es el mejor camino frente a un poder omnímodo y despótico que ha venido construyendo un espacio para la implantación de una ideología importada del Caribe. 

Disfrazadas de leyes las acciones organizadas desde la estructura del poder despótico, destruirán la última de las Instituciones autónomas de la arquitectura nacional. O enfrentamos este paso de las Termópilas con carácter, o sencillamente emergerá un mundo distópico cuyo espejo cubano se quedará sin eufemismos y malabares de las modas de los linguístas actuales, muy opaco para reflejar la imagen de un cuerpo disforme claramente afectado por una metástasis intelectual. 
La crisis de tiempos y de espacios nacionales y regionales es evidente. 
¿Podemos pensar y actuar de conformidad a la autonomía que históricamente hemos construido y construimos en una suerte de fusión de horizontes deseables del pasado y del presente?

Contra lo que muchos piensan, corren tiempos para pensar en una Reforma no sólo de la Universidad, sino de todo un sistema educativo sometido al poder del Estado colonizado por una ideología. 

Ésta Reforma imaginada en sentido constructivo, deseable como proyecto de horizonte futuro, como solución de continuidad a una crisis agudizada por las malas decisiones, no puede ser espacio de subalternidad ni instrumento de una ideología de claros resultados negativos. 

Se nos exige entonces pensar y actuar frente a las distorsiones comunicativas que forman parte de un diseño del poder que se quiere imponer por encima de toda ley y de todo Derecho consagrado en la Constitución.

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