domingo, 31 de enero de 2016

La crisis económica agrava la crisis política venezolana - cuatro artículos



Ramos Allup: El Gobierno no va a resolver la crisis y va a empeorar fatalmente

23-01-2016


El presidente de la Asamblea Nacional pidió paciencia para la aprobación de las leyes y destacó que la oposición tiene muchas leyes, unas políticas, otras sociales y económicas


El presidente de la Asamblea Nacional (AN), Henry Ramos Allup, pidió a la ciudadanía vigilar a los diputados de la bancada de la oposición si no cumplen con las leyes que prometieron aprobar para mejorar la crisis que vive el país.

“Por favor vigílenos que apoyos incondicionales no pueden haber ni en la vida y en la política y los defraudamos, reclámennos, pero si cumplimos como vamos a cumplir y estamos hasta ahora cumpliendo, por favor ayúdenos que sólo no podemos, nada somos sin ustedes porque nosotros estamos haciendo un esfuerzo titánico”, afirmó.
Ramos Allup pidió paciencia para la aprobación de las leyes y destacó que la oposición tiene muchas leyes, unas políticas, otras sociales y económicas, pero todas serán aprobadas porque hay tiempo para eso.
Aseguró que el Gobierno no va a resolver la crisis y mientras esté en el poder todos los problemas van a empeorar "fatalmente", por tal razón, pidió a los venezolanos "resistir" durante la situación económica y social que actualmente atraviesa el país. "No olvidemos nunca la palabra resistencia, tenemos que resistir, no nos podemos quebrar, no nos podemos fatigar (...) frente a un Gobierno que está en etapa agónica, terminal”.
Resaltó que la AN logró abrir las puertas del parlamento a todos los medios de comunicación, para que transmitieran en vivo a todo el país los discursos, las sesiones y el trabajo de las comisiones.



 

La renuncia, una vía de salvación

Marianella Salazar 27 de enero 2016 - 12:01 am

La situación puede desbordarse y sumirnos en una espiral de violencia que nadie quiere, el gobierno debería ser el primer interesado en evitarlo y cumplir con el mandato popular expresado el 6-D, que no es otra cosa que someterse a control legislativo como lo exige la Constitución y, en vez de generar confrontación y sabotear su función –como pasó con los ministros que no asistieron al Parlamento para explicar el mamotreto de decreto de emergencia económica–, le tira la pelota a la Asamblea para responsabilizarla de la debacle, cuando su responsabilidad constitucional es resolver los problemas sociales y económicos que durante este desgobierno de Nicolás Maduro se agravaron con más corrupción, mayor incompetencia y, sobre todo, por su falta de sensibilidad social.

Hoy, más que nunca, la gran cantidad de gente que madruga y hace colas durante 10 o 12 horas, en busca de alimentos de primera necesidad, se enardece cuando no logra adquirirlos por una u otra razón –porque se agotaron o los esconden para favorecer a bachaqueros, previa bajada de la mula–; la angustia de los padres de no llevar nada qué comer a sus hijos, ni conseguir medicinas para una urgencia es abono para el anunciado estallido social, que ha sido refrenado con el resultado de las elecciones pasadas.

Una vez que el soberano expresó su resolución de cambio, el gobierno no puede burlar ese mandato, pero es lo único que hace desde que se instaló la Asamblea Nacional el pasado 5 de enero. Están jugando con fuego. Pretenden aumentar el precio de la gasolina, que se justificaría de existir pulcritud en el manejo de los dineros públicos, pero eso es como pedirle peras al olmo y “al horno”. El aumento de la gasolina debe estar condicionado a suprimir la golilla de los precios del petróleo y combustible a países miembros de Petrocaribe y eliminar, de una vez por todas y para siempre, las regalías petroleras a Cuba, que solo sirven para engrosar los negocios de los Castro a costa de la miseria y el sufrimiento del pueblo venezolano.

La crisis humanitaria se asoma en Venezuela; activistas por los derechos de pacientes con enfermedades graves están pidiendo ayuda internacional, a través de la Organización Mundial de la Salud, para que donen medicinas e insumos en el área de la salud. Es una vergüenza haber caído en una situación tan precaria y lastimosa como la de algunos países africanos, castigados por la hambruna y enfermedades que diezman su población, sin recursos para adquirir medicamentos, y todo por haber dilapidado descomunales ingresos petroleros y desmantelado el aparato productivo para castigar al sector privado, pero lo sufre toda la población.

La gente está desesperada porque el dinero no alcanza para cubrir sus necesidades; además del desabastecimiento, está el desempleo y la inseguridad; hay que impedir que la mayoría de un país exasperado tome las cosas en sus manos, así que no perdamos más el tiempo y busquemos una salida constitucional para sustituir a un gobierno que no rectifica, la más expedita es la renuncia del presidente. Ante la coyuntura actual es impensable que Nicolás Maduro termine su mandato.

Renuncia negociada. Maduro no renunciará voluntariamente, la salida tendrá que ser negociada por los factores de poder, como ha sucedido con la mayoría de las renuncias presidenciales, empezando por la de Chávez, el 11 de abril de 2012, cuando el general Lucas Rincón, en cadena nacional, aseguró que “se le pidió la renuncia al señor presidente, la cual aceptó”. Lo que pasó después fue una chapuzada. Ahora le corresponde a la Asamblea Nacional asumir lo que tiene que hacer y garantizar la gobernabilidad.




 
Imposible perder más tiempo

Oswaldo Álvarez Paz 27 de enero 2016 - 12:02 am El Nacional

Venezuela entera está convencida de la necesidad de un cambio radical, profundo y urgente, que revierta hacia lo positivo las negativas realidades del presente. Me refiero a todos los venezolanos.

 A los que giran alrededor de la alternativa democrática y los partidos que integran la MUD, también al ciudadano común que no vive de la política, ni de los partidos, sino de su esfuerzo personal y familiar para mantener en alto la dignidad que merecen y, por supuesto, a los millones de decepcionados compatriotas que ahora señalan a sus ídolos de pocos años atrás como los responsables de la destrucción del país.

El problema se dramatiza porque el tiempo avanza y todos los terribles anuncios con relación con el año que se inicia se hacen realidad. Los males del país están sobrediagnosticados y las posibles soluciones son conocidas, repetidas en infinidad de ocasiones por expertos en cada una de las actividades nacionales. Pero seguimos perdiendo un tiempo valioso que quizás no se mantenga demasiado.

La primera gran conclusión es que no hay solución posible mientras se mantenga el poder en manos de eso que llaman el alto gobierno cívico-militar de la revolución encabezada por la dupla Maduro-Cabello. Si estos personajes conservaran una mínima dosis de dignidad y decencia, facilitarían el camino hacia el cambio renunciando a sus responsabilidades actuales para que se instale una etapa de transición para la reconstrucción institucional y ética del país. Han desperdiciado todas las oportunidades de rectificación y siguen empeñados en profundizar los errores y violentar una situación de peligrosa confrontación que, de continuar, arrasará con cualquier signo del reciente pasado chavista, socialista a la cubana.

Nicolás Maduro debe renunciar antes de que la Asamblea Nacional accione la vía constitucional más rápida y práctica, para obligarlo a irse. No puede ni debe continuar. Nadie tiene derecho de jugar con el país como lo está haciendo este señor. Más allá de la falta de legitimidad relativa a su designación como cabeza del Poder Ejecutivo, no ha cumplido con ninguna de las obligaciones, de los deberes expresamente señalados en la Constitución. ¿De qué cosa se ocupa? ¿Hasta dónde estirará la cuerda para mantenerse en el poder como sea?

La Asamblea Nacional está cumpliendo con su deber. Es depositaria de la confianza, de la fe y de la esperanza de Venezuela. Esperamos que profundice el acertado camino que transita hacia el cambio necesario. La Fuerza Armada Nacional se mantiene en una especie de expectativa vigilante, con idéntica fe en el destino superior que merecemos.

oalvarezpaz@gmail.com



En blanco y negro: Aristóbulo como presidente

Carlos Blanco 27 de enero 2016 - 12:01 am El Nacional

Conocí a Aristóbulo Istúriz como un hombre inteligente y grato. Hicimos el programa Blanco & Negro en Globovisión, bajo el entusiasta impulso de Alberto Federico Ravell y fue una buena época de debate. Tenía un espíritu abierto, lo que contribuyó a que nuestro programa fuese diálogo creador. Ese espacio terminó porque Aristóbulo estaba próximo a ser requerido por Chávez como ministro de Educación y a mí se me abrió una inapreciable oportunidad académica en el exterior. Después de esa época no nos vimos, aun cuando conversamos unas pocas veces por teléfono.

Más adelante Aristóbulo se sumergió en una radicalización política y verbal que no se compaginaba con el talante que le había conocido. Sin embargo, en las recientes elecciones, como resultado de la derrota colosal del régimen, tuvo un tono autocrítico y la semana pasada volvió a hablar de las colas y la escasez como elementos del desastre electoral rojo. Él sabe que el volcán que se mueve en las entrañas de la sociedad está a punto de explotar y cuando habla de escasez se refiere al descomunal fracaso del régimen del cual ahora es la segunda –¿la tercera?– figura.

Sin embargo, el papel que creo que le corresponderá pronto es el de reemplazar a Maduro una vez que se produzca lo que parece inevitable: su renuncia. En términos constitucionales, Aristóbulo podría tener la misión de ser presidente hasta las inmediatas elecciones presidenciales de este año.

Si Aristóbulo asume la presidencia de la República tiene tres caminos: intentar seguir por el precipicio de Chávez-Maduro, lo que conduciría a catástrofes impensables; también podría designar un vicepresidente de consenso con la oposición, y luego renunciar para que este personaje conduzca la transición (desde luego no sería un “notable”; todos ya muertos después de haber propiciado la devastación actual) o podría constituir un gabinete de emergencia y de consenso, cuya primera medida para descomprimir el país, sería la liberación de los presos políticos y el retorno de los exiliados, e implementar un plan masivo de suministro de alimentos y medicinas al país. En cualquier caso, elecciones presidenciales ya.

Venezuela está en una situación catastrófica. Para enfrentarla, variados actores pueden tener la palabra, pero hay cuatro que serán claves: Henry Ramos Allup, representante de la legitimidad popular indiscutible y reciente; Aristóbulo Istúriz, posible cabeza negociadora del régimen que muere; Vladimir López Padrino, el que guarda las escopetas. Y las masas a punto de rebelión generalizada.

 




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