domingo, 15 de noviembre de 2015

La visita venezolana empieza a incomodar en la isla feliz - Tibisay Romero


Los ven con sus maletas bajo el sol dando vueltas por el único bulevar de Aruba, un país de un poco más de 100.000 habitantes. Hacen cola en los cajeros y también venden cerveza en las playas. Son los venezolanos que viajan a “raspar el cupo” autorizado por Cencoex. La multiplicación de una práctica vieja, que no se ha frenado pese a los intentos del gobierno por controlarla, comienza a generar problemas en la isla. El Parlamento arubeño discute el tema, el primer ministro tomará medidas. La fluida relación de vecinos, separados por una franja de mar de apenas 25 kilómetros, comienza a oler mal
Casi media hora duró el trámite. “Buenos días, su pasaporte. ¿Puede mostrar todo el dinero que trae en efectivo y la tarjeta de crédito?”, interroga una funcionaria a una mujer venezolana que llega al aeropuerto de Aruba. Cuenta uno a uno los billetes. “¿Tiene una carta de garantía? Permítame verla”. Verifica los datos, le pide a la venezolana que se ubique a un lado a esperar. Se hicieron llamadas y se verificó que era real la carta de respaldo, que ahora deben otorgar arubeños o residentes a visitantes venezolanos sin reserva de hotel. No cualquiera puede dar una carta de garantía. Debe demostrar que se tienen ingresos por cantidad sobre los 4.500 florines (2.500 dólares) al mes para respaldar la estancia del extranjero. A la mujer le pidieron el documento original que estaba del otro lado de la taquilla de Inmigración, en la mano de los familiares que la esperaban como tantas veces que ha ido a un país que es su otra casa. Sellado el pasaporte, finalmente ingresó a la isla, a 25 kilómetros de la costa venezolana, tan lejos como los están Caracas y La Guaira.

En la escena del bulevar de Oranjestad y a lo largo de la zona de las cadenas hoteleras, algunos con sus fachadas de arquitectura antillana y colores llamativos, casinos y sillas tumbonas frente a un mar turquesa, entraron nuevos personajes. Una reciente clase de turistas venezolanos camina por las calles, muchas veces con sus maletas a rastras bajo el sol. Es un turista que no saca cámaras ni despliega mapas ni compra souvenirs.
El venezolano, con su gorra de beisbol o la tricolor de la filiación política de preferencia, hace cola en los cajeros automáticos de los bancos, arma barullo frente a la abundancia de los supermercados —allí sí toma la foto para el recuerdo—, y merodea por las calles en busca de un sitio donde sacar de una tajada los dólares de las tarjetas que permite el gobierno usar a viajeros en el exterior.


Aunque no es nuevo, el fenómeno de los “raspacupos” en Aruba ha ido en crecimiento. Quienes ingresan a la isla con este propósito buscan sacar el máximo de los 700 dólares que pueden obtener por 7 días de estadía y traer a Venezuela la mayor cantidad de efectivo, que en apenas 30 minutos de vuelo se multiplica por casi 800, según la tasa del mercado negro de esta semana. Así, para muchos, el debilitado presupuesto mensual se robustece para pagar los gastos corrientes.
“Fui con un amigo que ya había ido dos veces en el año. Nos buscó al aeropuerto una pareja de colombianos que arregló todo. Llegamos a una pequeña posada donde podíamos cocinar si queríamos, pero nos llevamos galletas y algunos enlatados para comer allá. A las 8:00 am nos llevaban al centro, en el bulevar, y nos iban a buscar al final de la tarde, para que no gastáramos en electricidad y agua dentro de la posada. Así que caminábamos por toda esa zona de comercios. Pagamos 10 dólares por el traslado del aeropuerto a la casa y unos 25 dólares por cada noche de alojamiento. Eran personas muy amables”, relata José, un joven que vio en ese viaje la posibilidad de aumentar su sueldo mínimo mensual.

En su caso, logró retirar 160 dólares de un cajero automático, compró algunos artículos en un supermercado y el hombre que lo alojó le habló de ir a un casino donde le “rasparían” su tarjeta. Así lo hizo: “A 354 le restaron 29 dólares en el casino de un hotel, y eso fue lo que me entregaron”. Ahí recibió una factura de su transacción como si se tratara de un jugador habitual, como otros venezolanos que desde hace muchos años van a la isla a apostar.
“Pasaba el día caminando por el bulevar, entrando a tiendas a mirar para distraerme, pero sin gastar mi dinero. En la noche regresábamos a la casa a comer, bañarnos y dormir. Esa fue la rutina”, relata así su viaje.
El negocio del alojamiento barato también lo ofrecen personas de origen asiático que al cobrar la habitación de la posada o pequeño hotel les recargan un extra por entregar al turista “raspacupo” el resto de su dinero en efectivo. La factura refleja el alojamiento, y también servicios como actividades recreativas que justifiquen al final alrededor de 300 a 400 dólares. En avisos publicitarios se ofrece la estadía por apenas 15 dólares la noche y la posibilidad de pagar en bolívares.
“Cuando llegué a Aruba nadie nos esperaba, solamente teníamos la dirección donde íbamos a quedarnos. Caminamos según las indicaciones que nos dieron hasta llegar a la zona central. Compramos agua y helados porque hacía mucho calor. Un rato después, nos fueron a buscar unos arubeños que eran amigos del chino donde nos alojamos”, contó un estudiante universitario que pidió no mencionar su nombre y también hizo la transacción para traerse los dólares de vuelta.
Por las calles de Aruba se ven grupos caminando bajo el sol y recorriendo grandes distancias. Son como unos zombis del desierto Incluso se les ve lejos de las zonas más turísticas de la isla, donde las calles son de tierra roja, llenas de cardones y tunas como las de Falcón, en la otra orilla.
Entre los insulares esa peregrinación se ha convertido en un signo de turistas venezolanos en busca de dólares. La escena es cada vez más frecuente y rechazada por quienes residen en Aruba. Consideran que ese tipo de turistas podría alejar a otros, de lo que vive este país de 103.441 habitantes.


Ronella Tjin Asjoe-Croes, jefe de la Autoridad de Turismo de Aruba (ATA), explica que no hacen distinción entre el tipo de turista venezolano que llega al país. “El mercado venezolano es muy importante, representa el segundo de la isla, de hecho ATA ha estado presente por 43 años promoviendo responsablemente el turismo de Venezuela hacia Aruba con el apoyo de nuestros socios de turismo como las aerolíneas, operadores, representantes de hoteles y agencias de viajes”.
En 2014, Aruba recibió 249.593 turistas desde Venezuela que representó 32,75% de crecimiento en comparación con 2013. Para 2015, hasta el mes de agosto, 191.798 venezolanos habían visitado la isla, lo que representa un aumento de 49,88% en comparación con la misma temporada de 2014, según fuentes de la ATA.
A diario aterrizan siete u ocho vuelos provenientes de Venezuela. Van de Caracas, Valencia, Maracaibo y Las Piedras. “La Oficina de Turismo de Aruba sí ha visto un incremento de pasajeros desde el último trimestre de 2014, pues las aerolíneas venezolanas han aumentado el número de frecuencias de vuelos hacia la isla”, detalló la funcionaria arubeña.
El crecimiento ocurre pese a que el gobierno venezolano ha arreciado las restricciones al uso de divisas limitando su uso por días y destino y centralizando los trámites en la banca pública, requisitos vigentes desde abril de este año cuando se hizo la última reforma. Los “raspacupos” no desaparecen, pero la liquidación de divisas para viajes en el extranjero se ha reducido 36% con respecto al año pasado, de acuerdo con datos de la firma Ecoanalítica.

“No cash refund”. 
Hace aproximadamente un mes se encendieron las alarmas en Aruba. Para aquellos comerciantes que se prestaban a raspar el cupo de divisas, ya no resulta tan sencillo el negocio con los turistas venezolanos a través del cual se acuerda un porcentaje de comisión que va entre 9% y 30%. El gobierno insular comenzó a sancionar negocios que se dediquen a esas prácticas con multas por 10.000 florines (5.714 dólares, aproximadamente). La penalidad incluye el bloqueo del punto de venta.
Por eso, en ciertos establecimientos comerciales comenzaron a aparecer carteles que dicen: “No raspamos cupo. No cash refund”. Y más recientemente: “No aceptamos tarjetas de crédito venezolanas”. En la última semana también han aparecido carteles que dicen: “Prohibido entrar en grupos de más de dos personas”, como una medida particular de negocios que quieren disminuir los robos de sus mercancías. Aseguran que la inseguridad ha aumentado.
Ante las restricciones se retomaron modos ya conocidos por la generación de viajeros Cadivi en aprietos. Los venezolanos se acercan a los arubeños y les ofrecen cancelar con su tarjeta de crédito las compras a cambio del monto gastado en efectivo. Otros han comenzado a comprar cervezas en cajas —con sus tarjetas venezolanas— que revenden en la playa, en estacionamientos de particulares o en los negocios de chinos para obtener el efectivo. En un supermercado de Schotlandstraat se pueden armar filas de compradores venezolanos en busca de cerveza, que son despachados por la puerta trasera del establecimiento como ocurre con los productos regulados en automercados en Venezuela.

“La gente en sí no tiene problemas con que vengan los venezolanos, pero que no se metan con los arubeños como algunos lo están haciendo. Una persona va a un supermercado y se le acercan para comprar la mercancía y conseguir dinero en efectivo. Otros piden ayuda en forma incorrecta y hasta hacen trucos para robar a personas. La gente aquí en Aruba se siente acosada. Ha ocurrido que han perseguido a personas hasta sus casas y luego los asaltan. Por supuesto, este fenómeno no pasa con todos, pero es ahora la percepción que hay en general sobre los venezolanos. En una isla pequeña como Aruba, muy rápidamente esto se convierte en un problema”, señala el periodista Tito Laclé, director del portal informativo NoticiaCla.com.
El 26 de octubre, la mezcla de malestar y temor hacia los venezolanos, los convirtió en vecinos indeseables. Tres venezolanos estuvieron involucrados en el robo en el Excelsior Casino, del hotel Holiday Inn, y están detenidos junto con una mujer colombiana y un local arubeño.
Ese día, muy temprano en la mañana, el trío de venezolanos ingresó sin levantar sospecha al casino y una vez en el interior del recinto, amarraron a los empleados que se encontraban, los golpearon con las cachas de sus pistolas y sustrajeron una alta cantidad aún no determinada de dinero en dólares y florines. Huyeron en un carro gris que luego dejaron abandonado. Una semana después la Policía de Aruba atrapó a los tres asaltantes, luego de un despliegue policial. Días después aprehendieron a una colombiana y esta semana a un arubeño que también participaron en el robo.
Con el deterioro de la situación política y económica de Venezuela, la fantasía de huir del país en botes desde Falcón hasta la isla vecina, como lo han hecho por décadas cubanos hacia Florida, se hace eco como un chiste en las redes sociales. Pero en Aruba empieza tomar espesura de amenaza. Según cifras extraoficiales, este año al menos 2.000 venezolanos han decidido quedarse de forma ilegal en la isla. Unos buscan trabajo en empleos como domésticas, obreros en construcciones o en el comercio informal que prolifera en las calles y ha despertado preocupación en la Cámara de Comercio de Aruba.
La queja también la comparten venezolanos que viven en Aruba. “Está mal que hayan encontrado a venezolanos durmiendo en sillas de los hoteles, en las playas, bañándose en fuentes de sitios públicos y peor aún con actitudes delictivas como robos en supermercados o tiendas, pero no pueden olvidar aquí que muchos venezolanos trajimos nuestro dinero y empeño para trabajar en la isla, que somos gente decente y no aprobamos lo que está sucediendo. Esto también es consecuencia del desastre económico de nuestro país”, expresó una venezolana que está residenciada legalmente desde hace cinco años en Aruba.
Los lazos estrechos entre venezolanos de estados como Falcón, Zulia y Carabobo con Aruba existen desde hace muchos años. Hay familias de la isla que se instalaron en Falcón para trabajar en el negocio petrolero, hace más de 50 años, por eso parte de las familias están a cada lado de la franja de mar que separa ambos países. Otros venezolanos hace mucho emigraron a la isla, pero aún conservan parientes en tierras venezolanas.
La relación es la de una frontera porosa. Desde Aruba viajan con frecuencia a Venezuela para realizarse chequeos médicos, odontológicos y hasta intervenciones quirúrgicas. El cambio de la moneda y la preparación de los médicos venezolanos hacen atractivo el viaje.
La tensión que han generado los recientes incidentes, sin embargo, ha deteriorado el vínculo. “El sentimiento de malestar hacia todo aquel que tenga acento venezolano es increíble. Ahora creen que todos somos ladrones o tracaleros. Me da pena que otros venezolanos hayan ingresado a la isla con conductas negativas, nos han rayado”, indicó otra venezolana viviendo en Aruba.

Visa y refinería. 
El gobierno de Aruba analiza el fenómeno de los nuevos turistas venezolanos. Por esta razón el Consejo de Ministros se reunió con un grupo de trabajo que incluyó a instituciones como ATA, Departamento de Integración, Manejo y Admisión del Extranjero, Departamento del Trabajo, Guardacostas, Policía e Inmigración.
Están trabajando en sugerencias para llegar a la mejor solución posible, dijo el primer ministro Mike Eman al final del encuentro celebrado esta semana, que reseñaron medios de la isla. El primer ministro explicó que se debe poner un requisito antes de viajar al país. La figura sería la de un registro previo de manera tal que se pueda controlar el flujo de las personas que llegan a Aruba y asegurar el cumplimiento de la ley de admisión y estadía.
“Este es un esfuerzo que haremos dentro de un contexto nacional para ayudar a la gente a mantenerse en el camino más correcto, eficiente y sin olvidar que siempre se han recibido inmigrantes que siguen las reglas del país”, reseñó NoticiaCla.com sobre las declaraciones de Eman.
El primer ministro aseguró que Aruba es uno de los pocos países del Caribe que cuenta con el sistema denominado Radez. Este procesa la información automáticamente, indica dónde se quedan los visitantes que ingresan a la isla y verifica si el turista posee antecedentes penales.
El turismo venezolano también ha sido punto de agenda en los debates en el Parlamento de Aruba. Una iniciativa ciudadana recoge firmas para que Holanda evalúe la posibilidad de pedir visas a los venezolanos. Entre los connacionales viviendo en la isla la percepción es que el gobierno está siendo muy cuidadoso con este asunto porque no quieren dañar una relación de años. Si bien los estadounidenses son los que llenan los hoteles, los turistas venezolanos son los que más gastan en las tiendas. Adicionalmente, pudiese comenzar una relación entre Citgo-Pdvsa para reactivar una refinería de Aruba ubicada en la zona de San Nicolás, cerrada en 2012.
La ola de resquemor que ha generado la relación con los venezolanos salpicó esta semana el aeropuerto internacional Arturo Michelena de Valencia, estado Carabobo. Por lo menos en dos ocasiones se reportaron quejas de arubeños que llegaron a suelo venezolano y fueron maltratados por funcionarios de inmigración. Aunque antes no ha sido requisito, les solicitaron el boleto de regreso impreso y la reservación del hotel, aunque los tenían en formato electrónico. Les dijeron que sin el papel no podían ingresar al país. Luego de una media hora de espera la situación se solventó sin mayores requisitos, más allá de una propuesta deslizada de dar una propina en dólares. En los medios arubeños se reseñó este incidente como una represalia por lo que sucede con venezolanos que al llegar al aeropuerto Reina Beatrix de Aruba deben mostrar su dinero, tarjetas y cartas de respaldo.


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