lunes, 12 de octubre de 2015

“Es injusto pedirle a las mujeres que no utilicen el sexismo a su favor” - Eloy Fernández Porta


Al cani, al poligonero, lo despreciamos y lo amamos casi por igual. Otra cosa es que esto último lo hagamos en secreto.

Según el escritor y ensayista Eloy Fernández Porta, que imparte un seminario sobre masculinidades que mañana inaugura en el CCCB de Barcelona, son muchos los que envidian secretamente a estos “bárbaros de las periferias urbanas”. Ellos son el último reducto de una masculinidad excesiva. 


En España, el modelo de virilidad se ha reencarnado en concursante de reality show: “La televisión ha localizado a un nuevo troglodita y lo presenta como imagen de la pobreza financiera y emocional”.


El poligonero, cani o fiestero vive en Lloret de Mar o Benidorm, territorios que ya no pertenecen a la geografía española sino al turismo o al tráfico de mercancías, “en el lumpen proletariado”. Vive ajeno a la ambigüedad, la revolución sexual y el feminismo.

El cani es ese tipo que no tienen reparos en soltarle un sonoro manotazo en el culo a su chica delante de sus amigos. Y esto es algo que, según Fernández Porta, repugna y atrae por igual:

“Es una figura odiada porque representa lo puto peor, y envidiada porque parecen insensibles al cambio.Por mucho que imiten a Cristiano Ronaldo, no parecen haberse enterado de la corrección política”.

El cani es una figura odiada porque representa lo puto peor, y envidiada porque parecen insensibles al cambio
Son, en definitiva, individuos liberados en una sociedad cada vez más hiper consciente:

“Nuestro uso de las redes sociales aumenta la importancia de los criterios y opiniones de los demás, por eso ver a alguien insensible a esos jueces imaginarios es admirable, como el buen salvaje del mundo digital”.

Sobre canis, Bourdieu, género y corrección política hablamos con el pensador barcelonés.


Arremángate la falda

La idea del seminario es recuperar el clásico de Pierre Bourdieu La Dominación Masculina (1998), y destriparlo: “Me propongo poner a bailar Pierre Bourdieu. Quiero subirlo a una pasarela de moda y meterlo en una performance postporno”.

Bourdieu sostiene que la dominación masculina no es un orden natural, sino una construcción mental, una visión del mundo con la que el hombre satisface su sed de dominio. Las mujeres habrían asumido esa sumisión arbitraria al creer que obedece a una división natural de sexos.

Por eso el sociólogo francés llama a la rebelión femenina y a luchar contra el sexismo, que hay que extirparlo de nuestros comportamientos. Fernández Porta, por el contrario, considera “injusto pedirle eso a una mujer”.

Su argumento sería el siguiente: si una mujer no utiliza el sexismo para ir por la vida, pierde mucho. Si un hombre decide no ser sexista, le irá igualmente bien.

Si una mujer no utiliza el sexismo para ir por la vida, pierde mucho. Si un hombre decide no ser sexista, le irá igualmente bienPor ejemplo: una mujer se arremanga la falda y finge que ha nacido para adorar a su compañero de curro. Quiere que le preste el coche un rato. Utilizar el sexismo sería aquí como una versión utilitarista de las “armas de mujer”.

Si la mujer dice: “¿Me dejas el coche, por favor?”, tiene más posibilidades de que el otro responda: “Ni de coña”. Por no utilizar la carta del sexismo, la mujer lo pierde todo.

Por el contrario, si un tipo decide no comportarse de forma paternalista y dejarle las llaves del coche sin hacer ningún comentario sexista, tal y como haría con cualquiera de sus compañeros masculinos, perderá el masaje que confirma su poder, pero nada más.

Para Fernández Porta, es inmoral pedirle a una mujer que renuncie al sexismo. En la competición social, ella saldrá perdiendo si confía en la buena fe de los hombres.

De ese modo, el sexismo utilizado estratégicamente puede ser una herramienta de poder femenino.

Pelea de mujeres

Otra de las ideas de Fernández Porta gira en torno al conflicto entre mujeres. En su opinión, se trata de una realidad que el cine siempre representa como una “pelea de novias, en melodramas y comedias románticas, en espacios cerrados de complicidad femenina”. Ha sido olvidado y minimizado.

Por el contrario, el conflicto entre hombres es la guerra, la épica, “Caín y Abel”. Es lo que mueve la historia.

Según el ensayista, el conflicto entre mujeres tiene una relevancia cultural y simbólica importantísima, y es una llave del cambio social.

Históricamente, las peleas de mujeres se han representado en espacios cerrados. Por el contrario, el conflicto entre hombres es la guerra, la épica. Por eso, el conflicto entre mujeres es una llave del cambio social

“Las mujeres tienen que competir de forma pública por el poder, como Dilma Rousseff y Marina Silva por la presidencia de Brasil. Que una mujer alcance el puesto de poder no es suficiente para el cambio social“. Un ejemplo sería Margaret Tatcher.

De modo que la cooperación entre mujeres, y el vocabulario humanista que rodea algunos feminismos, no serían lo más directo para avanzar hacia un mundo más igualitario.



“Las teorías contra la dominación masculina siempre apelan a la solidaridad, la comprensión, la aceptación del otro”, explica Fernández Porta. “La cuestión es que la competición por el poder siempre va a existir. Hay que procurar que sea lo más limpia posible, pero las mujeres tienen que estar”.

En contra de la corrección política, Fernández Porta plantea que las mujeres tienen que pelear, y sobre todo, pelear entre ellas.

El ADN de la masculinidad

¿Cuáles son las características principales de la virilidad? Lo más importante no son los atributos físicos, sino el carácter.

“Lo escribió Séneca. El hombre se resiste a las pasiones y sobrelleva los infortunios de forma estoica. Él lo llama ser un ‘apasionado por la templanza'”.

Lo que define la masculinidad es el carácter, lo que Séneca definió como ‘pasión por la templanza’O sea, pasión por autorreprimirse: “La carcasa del macho proveedor es pura fuerza y contención”. Una paradoja que es, para el escritor, es el ADN de todas las variantes de masculinidad.

“En la música, por ejemplo, se repite el tema de la discapacidad emocional: ‘ya no tengo emociones, me siento indiferente, no significas nada para mí'”.

Los hombres siempre caen

La pregunta que todo el mundo se hace es si la masculinidad está en crisis, sobre todo ahora que el feminismo ha rebasado la muralla de las minorías. La respuesta es no. Pero no porque no se esté produciendo un declive de lo viril, sino porque este declive siempre ha existido.


Fernández Porta lo ilustra con la imagen del western crepuscular, con el personaje de vaquero viejo, agotado ante un sol de justicia que escarba aún más en sus arrugas morenas. “La verdadera masculinidad es un pasado remoto, donde había valores y un medio más agreste. Aun así, este héroe atípico hace un último esfuerzo”.

La crisis de la masculinidad no es un fenómeno histórico, sino una idea que se repite

La crisis de la masculinidad no es un fenómeno histórico, sino una idea que se repite: “Cada momento de la historia inventa su crisis masculina”.

Por el contrario, la feminidad siempre aparece como algo emergente. “Hace siglos que las mujeres están a punto de emerger de forma definitiva en la sociedad y nunca acaban de salir. Con la masculinidad pasa lo opuesto. Hay una caída a cámara lenta que nunca llega a su fin”.

Así, en el camino hacia la igualdad, hay dos túneles eternos. Las mujeres siempre suben, y los hombres siempre caen.  

Las mujeres siempre suben y los hombres siempre caen; los papeles, en cambio, no se invierten nunca

Publicado por: Ssociólogos 2 días ago
Artículo de playgroundmag.net


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