miércoles, 12 de diciembre de 2018

Catástrofe - Américo Martín


“Sigue siendo un diamante en bruto” consignó Heraclio Atencio Bello al referirse a Venezuela antes que pisara tierra la planta revolucionaria. ¿Puede hoy repetirse esa frase? La devastación causada alcanza dimensiones insuperables y no obstante, sí, la frase se sostiene aunque el esfuerzo de tallar la piedra sea inconmensurablemente mayor.

Estamos envueltos en la catástrofe. El país la siente, el pueblo la padece. Se discurre sobre implosión social o acerca de soluciones de fuerza. El caso es que el gobierno nos ha hundido en un pestilente pantano sin ofrecer salidas creíbles, lo que intensifica la desesperanza y da alas a fórmulas fundamentalistas. El ruido relacionado con el 10 de enero no es caprichoso, sigue una secuencia lógica o, si se quiere, fatal.
Precisamente porque pueda serlo debería considerarse crucial. El reconocimiento internacional del primer gobierno de Maduro viene de la aceptada victoria que le dio por primera vez la presidencia. Con posterioridad forzó la barra, adelantó los comicios algo más de 7 meses y se hizo elegir en 2018 para un segundo mandato. La comunidad internacional desconoció la operación basándose en serias razones entonces invocadas para considerar que se había producido un fraude.
De allí que, mientras Maduro imagina que su plazo constitucional está comenzando, la comunidad mundial y la mayoritaria oposición sostienen, por el contrario, que concluirá el 10 de enero. En esa fecha terminará su primera y única elección. Ni un día más. Ni un día menos.
Supongo que el cuestionado presidente está al tanto de la complicada situación en que se encuentra. Habrá sido informado que la comunidad internacional no ha variado su posición, de modo que el 10 de enero -para ella y para la mayoría de los venezolanos- habrá un vacío de poder. Al igual que en la atmósfera, los vacíos son intolerables en asuntos de política y gobierno y podrían resolverse con violencia ciclónica. ¿Cuál sería la reacción de los factores principales, si el inquilino de Miraflores se hace el desentendido y se queda en el Palacio? Al extinguirse su poder, sencillamente no podrá válidamente hacerlo. Al esfumarse su legitimidad de origen perdería automáticamente su puesto en la OEA.
Supongamos ahora que las sanciones mundiales se multiplican como se ha anticipado y que Venezuela incluso fuera declarada país terrorista. ¿Bastaría tan grave secuencia para forzar un cambio democrático? Posiblemente termine siendo ese el desenlace natural pero sería menester una negociación que culmine en elecciones mundialmente garantizadas.
Pueden estudiarse otras posibilidades siempre que ninguna sacrifique el sufragio universal, en el marco de los acuerdos para que las garantías constitucionales protejan efectivamente a unos y otros. Sería considerable un breve tiempo de transición con base en los acuerdos de las partes y el programa de urgencias, comenzando con la ayuda humanitaria, libertad de presos políticos, rescate de Instituciones democráticas, correcta implementación de la justicia, decapitación de la hiperinflación, reactivación de la economía.
Imposible dejar de construir en sana paz una fructífera convivencia democrática. Decisiones de esa índole levantarían la moral colectiva después de tantas inmerecidas humillaciones. Seríamos una próspera, libre y ejemplar nación de flameantes banderas que unen y fortalecen la savia de su doble riqueza. Próspera por su desarrollo diversificado y autónomo; afortunada por su alentadora libertad y fortaleza emocional.

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