El
juez colombiano ha destapado escándalos en varios países latinoamericanos y ha
encarcelado al presidente Otto Pérez Molina
El destino del juez Iván Velásquez (Medellín, 1955)
es hacer temblar la tierra que pisa. En Colombia, destapó el nido de víboras de
la parapolítica, un escándalo que alcanzó al corazón del uribismo y llevó a la
cárcel a una veintena de políticos y empresarios. Ahora, al frente de la
Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), no sólo ha
puesto entre rejas al presidente Otto Pérez Molina y su vicepresidenta, sino
que ha demostrado cómo un instrumento aparentemente predestinado al sopor burocrático
—una oficina de la ONU coordinada con la fiscalía local— puede derribar los
más altos poderes y hacer pensar que frente a la corrupción hay esperanza. En
Guatemala es un héroe. En El Salvador y Honduras e incluso México y Colombia,
un ejemplo a seguir o estudiar. Consciente de que América Latina tiene los ojos
puestos en él, este juez habla por teléfono con calma y concisión.









