Como miles de venezolano recibimos la
noticia de la muerte de Teodoro Petkoff, con tristeza. Venezolano que pensaba
por sí mismo. Un fajador en las ideas y en la práctica. En estos momentos
cuando el despotismo intenta por todos los medios someternos y se escuda en el
argumento que hay una crisis por la bajada de los precios del petróleo; en
estos momentos cuando el despotismo desregulariza a los trabajadores, aniquila
los contratos colectivos, como una de sus tácticas, para seguir sometiéndonos,
para seguir explotándonos; recuerdo al Ministro Teodoro, conduciendo el timón
económico, en medio de una crisis bancaria, durante unos años, con el precio
del barril de petróleo entre 8 y 11 dólares; haciendo acuerdos, dialogando,
entre empresarios, empleados, obreros y, era incomparable la vida que se tenía
con la actual.
Era incomparable y hay que decirlo sin miedo, de forma tajante y
sin estupidez, jamás el venezolano, su pueblo, había sufrido tanto como con la
dictadura del déspota de Maduro. No existe comparación con otro momento
histórico. Pero, los serviles, los cagatintas, los esclavos que justifican
cualquier atrocidad del déspota, por las circunstancias económicas… No dicen
nada, sufren de pérdida de memoria por la anulación de su espíritu. Gorilas y
bestias de nuevo cuño, simplemente borran la historia para que las nuevas
generaciones nazcan sin referentes. Es la manera y forma que tienen para
sostener su mitología.
En estos momentos, cuando escucho o
leo a tantos intelectuales latinoamericanos de izquierda que se desligan de
discutir sobre Venezuela para no opinar o se hacen lo que no ven o peor,
justifican el despotismo en Venezuela, para no sentirse traidores a la religión
de la izquierda, para no sentir que con su palabra comparten opiniones con la
derecha internacional; aunque sepan del sufrimiento cruento de nuestro pueblo…
Recuerdo a Teodoro, a su libro: “Checoslovaquia, el socialismo como
problema” de 1968, que le produjo urticaria al despotismo soviético,
recuerdo cuando, desde esta región, él abogaba por un pueblo oprimido…
siendo para aquel entonces, uno de los líderes de la lucha armada en
Venezuela, un hombre de izquierda que empezaba a buscar alternativas distintas
para la confrontación política… Recordar al Teodoro de la tercera edad, al
agudo periodista, en la que se transformó el político y economista, que
pretendieron vejar, sancionar y juzgar; pero que nunca lograron el real
objetivo que bajara la cabeza, que no escribiera, que no levantara su voz.
Porque hasta los silencios de Teodoro retumbaban en los huesos de todos los
sátrapas de charretera sin ideas.
Recordar a Teodoro en estos momentos,
cuando el despotismo pretende colonizar nuestra vida diaria; que vivamos solo
para pensar en la comida, en cuándo nos lavarnos, bañarnos, en el gas y,
además, vivir cada día, deseando no enfermemos porque sabemos que esa circunstancia
nos puede conducir a la muerte; su recuerdo nos inspira. Puede ser una llama
para todos, para levantar la voz, para pensar por nosotros mismos, para
construir nuestra ruta de confrontación y desplazamiento del régimen.
Alcemos nuestras voces, de todas las formas y maneras posibles, organicémonos
nacional e internacionalmente. La fuerza está en nosotros para subvertir la
situación oscura, triste e insoportable por la que el despotismo desea que
transitemos consuetudinariamente.
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