La suspensión del premio de novela Rómulo Gallegos
y de la gira de la Orquesta Juvenil de Venezuela por Estados Unidos evidencia
la crisis del sector en el país sudamericano
“¿Culta?”,
se preguntaba en 1980 sobre Caracas el escritor y periodista argentino Tomás Eloy Martínez,
uno de los tantos intelectuales del continente que habían llegado a la capital
venezolana expulsados por las dictaduras y atraídos por las oportunidades de la
suntuosa economía del país sudamericano, llamado por entonces la Venezuela
Saudita. “Es verdad, si el adjetivo se mide con el termómetro de las
convenciones”, se respondía Martínez, “hay seis grandes salas de conciertos,
siempre pobladas; cuatro museos de alto nivel y una decena de museos menores
consagrados a salvaguardar la memoria nacional; siete universidades y unos 10
institutos de altos estudios; seis orquestas sinfónicas, más de 20 salas de
teatro en actividad y un festival babilónico —el mejor del mundo—”.









