QUERIDO DOCTOR:
.- Quiero que sepas que los VENEZOLANOS estamos orgullosos de ti, que estamos clarísimos:
.- Sabemos que nuestros médicos son los mejores del mundo
y los más humanos.
.- En ningún otro lugar se ejerce la medicina como en
nuestro país, en el que hasta en una piñata puedes tener una consulta
ambulatoria con uno de los papás del amiguito de tu hijo.
.- En Venezuela uno no vá a una consulta impersonal, como
hace la gente de otros países; aquí tu médico es tu amigo y conoces a su esposa
y vas a la graduación de su hija; si lo encuentras en el mercado, pregunta por
tu salud y averigua si te estás tomando la pastillita. Él no revisa tu historia
porque se la sabe de memoria: la ha hecho parte de la suya y ves en ella los
colores de todas las plumas fuente de sus años y los tuyos, porque la relación
de un paciente con un médico en Venezuela es “hasta que la muerte los separe”.
.- Tu médico envejece contigo; podrá pasar de los
noventa, como el Dr. Otto Lima Gómez, pero tu confianza en él no merma, porque
lo hallas cada vez más sabio, más bueno y hasta más elegante; pero
especialmente porque él sabe lo que tú tienes no a partir de los exámenes de
sangre, sino del exámen que hizo de tu alma en la mirada triste con la que
entraste a su consulta y porque su mano en tu hombro es la mejor medicina.
.- Estamos tan orgullosos de ustedes, queridos amigos
médicos, tan conmovidos con su quehacer, que no hallamos las palabras exactas
de gratitud en esta dolida hora con un
virus que no respeta edad ni
nacionalidad .
.- Ser médico en la Venezuela de estos tiempos es un acto
de heroísmo y de amor, de ingenio y de creatividad para salvar vidas en medio
de esta tragedia artificial llamada gobierno, que lleva veinte años destruyendo lo mejor de nosotros, lo más
bueno, lo más noble, lo más sagrado.
.- Seguro que hay algo —los alumnos lo sabrán— en
nuestras escuelas de Medicina que hace que quien salga de allí sea dueño de un
alma especial, no solo plena de sabiduría, sino lo más importante: de
sensibilidad y virtud.
.- Es como si en una cápsula de Petri se hubiesen
mezclado la ciencia de Razetti, la santidad de José Gregorio y el sentido de la
justicia de Vargas.
.- Ahí están los muchachos de la Cruz Verde, los
estudiantes de Medicina, salvando, ayudando, sembrando vida donde otros se la
roban. Son nuestros superhéroes, nuestros salvadores, nuestra certeza de que no
toda esperanza ha sido arrebatada por la maldad, de que esta tierra es
esencialmente de gente buena y solidaria, inteligente y pacífica, por más que
el mal, la crueldad y el terror se hayan apoderado temporalmente de las riendas
de nuestro destino envileciéndonos a todos; es “el vil egoísmo que otra vez
triunfó”: Boves redivivo siembra de muerte los campos de Venezuela.
.- En medio de esta debacle están ustedes, los médicos,
más que ejerciendo la medicina, haciendo milagros. Junto a ustedes, las
enfermeras y enfermeros, porque si el médico salva vidas, la enfermera salva al
médico.
.- QUERIDO AMIGO:
• Gracias por dar la cara por la salud y recibir heridas
de aquel de quien te vengarás salvando la vida de su hijo o la suya propia.
• Gracias por tu humanidad toda, por la santidad de tu
vida cotidiana, por las causas que apoyas en los lugares más remotos, por
actualizarte cada día en un país al que ya no llegan las revistas de medicina.
• Gracias por hallar un sustituto al remedio que no se
consigue, o por dármelo tú mismo, aunque en ello se te vaya la vida cruzando el
mar.
• Gracias por las consultas que no causaron honorarios
cuando me suponías pelando.
• Gracias, pichón de médico, que saliste a una calle
insegura a entregar tu vida salvando a tu hermano; ojalá que el que te arrolló
siempre encuentre médicos y medicinas; ojalá que viva para siempre.
• Gracias, doctor, muchas gracias, que Diosito me le
pague, como dicen nuestras abuelitas cuando salen de tu consulta. ¡Ah! y no te
preocupes: Carujo, esta vez, también pasará, porque “es el hombre de bien el
que siempre ha vivido y vivirá feliz sobre la tierra y seguro sobre su
conciencia”!!!.
11 de Marzo del 2021
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