Siri Hustvedt, Javier Solana, Salman Kahn y Sandra Myrna
Díaz dan brillo a la ceremonia de entrega del Teatro Campoamor.
Los Reyes junto a los premiados.
Discurso de Felipe VI.El Rey elude
el conflicto catalán y pide a Leonor mantener la "lealtad" de la
Corona con España
La princesa Leonor en su debut. "Me
comprometo a servir a España y a todos los españoles"
Las vísperas. Todos los
ojos en Peter BrooK
Salman Kahn. "Hay que
acabar con las vacaciones de verano"
Crónica política. Don Felipe
'protege' a la Princesa de Asturias
España atraviesa días de furia, pero es no significa que
el Estado carezca de herramientas para representar su dignidad. La mejor prueba
se pudo ver esta tarde en el Teatro Campoamor de Oviedo, el escenario de la
ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias, en el momento en el
que Javier Solana, presidente del Patronato del Prado (premio en la
categoría Comunicación y Humanidades), leyó sus discurso ante los Reyes y la
Princesa de Asturias, Doña Leonor.
Por eso el Prado no es solo de la ciudad de Madrid estando allí. Por eso no es un museo solo español, siendo parte de todos y cada uno de los españoles. Es una institución que forma parte esencial del patrimonio común de la humanidad y un compendio de la mejor aportación de España a la cultura universal". "España se vuelve un país más tolerante cuando se contempla a sí mismo en las obras maestras del Prado", dijo Solana.
La princesa Leonor y los Reyes saludan a Peter Brook.
Un detalle bonito: el premio del Prado lo recogieron el
presidente de su Fundación y el director del Museo. Miguel Falomir, junto a la
jefa de vigilantes de sala del museo. Y un recuerdo: vagamente, el discurso de
Solana fue como una adenda a las palabras que Junker, Tusk
y Tajani pronunciaron en este mismo escenario en nombre de la
UE, hace dos años, en aquel octubre en el que Carles Puigdemont proclamó
en falso la república de Cataluña. Entonces, como ahora, los Premios Princesa
de Asturias trataban de decirle a los españoles que su democracia no es un
sistema fallido y que su aportación al mundo es tan valiosa como la de
cualquier otra. El Museo del Prado es una buena manera de ilustrarlo.
INVITADOS INESPERADOS
Desplegable
Auster, Banville, Beard
Algunas notas de color en el día de los Princesa de
Asturias: tres antiguos premios Princesa de Asturias, los tres escritores en
lengua inglesa, han estado en Oviedo estos días. El primero de ellos, Paul
Auster, era un invitado predecible, ya que su mujer, Siri Hustvedt, es la
ganadora del Premio de Literatura de este año (su hija Sophie los acompañó
también y dio un concierto el jueves). Más sorprendente fue ver por el Teatro
Campoamor al novelista irlandés John Banville y a la historiadora inglesa Mary
Beard, que llegaron juntos a Oviedo. Un secreto: Banville, que es un hombre
amable y accesible, suele sacar sus recuerdos sobre Oviedo y su simpatía por la
Reina Doña Leticia cada vez que habla con un español.
El otro inglés del día fue Peter Brook, que, en la
audiencia de los Reyes de la mañana, estuvo jugueteando con Doña Leonor y Doña
Sofía como haría un tío abuelo bohemio. Fue una imagen espontánea y con cierto
encanto. Brook ha sido una bendición para los premios: bromista, participativo
y caballeroso.
Tres premiados de esta edición tomaron la palabra en la
ceremonia del Teatro Campoamor, además de Javier Solana: la escritora Siri
Hustvedt (premio de las Letras), Salman Kahn (premio de Cooperación
Internacional) y Sandra Myrna Díaz (premio de Investigación Científica y
Tecnológica) tuvieron cuatro minutos cada uno para explicarse ante el
mundo.
En el banquillo quedaron Joan Chory (que comparte el premio de
Investigación con Myrna), la esquiadora Lindsay Vonn (Deportes), el dramaturgo
Peter Brook (Artes), el sociólogo Alejandro Portes (Ciencias Sociales) y los
representantes de la ciudad de Gdansk (Concordia).
¿Qué contaron? De todo hubo, Siri Hustvedt, una de las
premiadas más accesibles en las vísperas de los Princesa de Asturias, habló de
lo suyo: del valor de las historias (de la literatura) en el mundo
contemporáneo y de su necesidad. Y contó un cuento, como es lógico:
"Vivimos en un mundo en el que cada vez la gente sabe más sobre menos cosas.
Esto tiene sus ventajas.
El conocimiento especializado ha dado lugar a grandes
avances técnicos, medicamentos potentes, teorías complejas sobre el lenguaje y
la cultura, y obras de arte impresionantes. También ha llevado a
callejones sin salida en varias disciplinas y a fantasías de que una idea es
novedosa cuando no lo es.
Tras dar una charla ante neurólogos en un hospital de
Boston, un científico me preguntó por qué alguien como él, que se había pasado
la vida estudiando escáneres cerebrales de pacientes con Alzheimer, debería
leer literatura, filosofía e historia. Le respondí que le ayudaría en su
trabajo. Vería lo que ahora no veía e identificaría en sus modelos puntos
débiles que nunca se le habían ocurrido".
Así son las novelas de Hustvedt, mezcla de memoria,
neurología y realidades incomprensibles que, en algún momento, hacen clic
y se vuelven claras. "Ni la ciencia es elevada, intelectual y masculina,
ni las artes y las humanidades son inferiores, emocionales y femeninas",
terminó la escritora. "Debemos aprender que la autoridad y la sabiduría
vienen en muchos formatos, sexos, colores, formas y tamaños. Debemos aprender
unos de otros y recapacitar".
Siri Hustvedt, tras recibir el premio Princesa de
Asturias de las letras 2019.Ballesteros
También tuvo algo de cuento el discurso de Salman Kahn,
el fundador y representante de la Kahn Academy. Para los que no estén
enterados: Kahn ofrece ideas, consejo y método a 100.000 estudiantes
y 250.000 docentes de todo el mundo sin que medie negocio alguno.
"Compartiré con ustedes la historia de Sultana. Hace
siete u ocho años, era una brillante estudiante de secundaria en Afganistán.
Sin embargo, los talibanes capturaron su ciudad y prohibieron a las niñas ir a
la escuela, amenazándolas con violencia incluso si lo intentaban. Sultana tuvo
que quedarse en casa, cocinando y limpiando todos los días durante
más de 10 horas. Afortunadamente, su cuñado vio que tenía curiosidad y le
compró un ordenador portátil".
Sultana conectó así con la Kahn Academy y se rebeló
contra su destino: "Terminó pasando cada momento que estaba despierta,
cuando no hacía las tareas domésticas, navegando por el sitio web. Pronto
se dio cuenta de que estaba aprendiendo más que sus hermanos en las escuelas
controladas por los talibanes. Aprendió desde matemáticas de primaria
hasta álgebra, geometría, trigonometría y cálculo. Luego
aprendió biología, química y física.
Cuando tenía 17 años, había decidido por
sí sola que quería estudiar en los Estados Unidos para convertirse en física
teórica. Así que mintió a sus padres y viajó a Pakistán para hacer el SAT, que
es un examen de admisión a la universidad en los Estados Unidos, porque no se
ofrecía la posibilidad de hacerlo en su país".
Sultana pasó el examen pero no encontró visado ni dinero
para la matrícula. Hasta que su historia llegó a The New York Times y
conmovió a unos cuantos corazones. Hoy, la niña estudia en California.
"Mucha gente asume que la tecnología, por muy productiva que pueda ser,
puede ser también una fuerza para deshumanizar a la sociedad. Ese
es un riesgo muy real, pero, en mi opinión, no tiene por qué ser así.
De
hecho, creo que la tecnología puede usarse para hacer nuestras vidas más, y no
menos, humanas. Imaginen un mundo donde la hora de clase ya no se dedica a escuchar
pasivamente la lección, sino para que los niños colaboren y trabajen a su
propio tiempo y ritmo".
Sólo nos falta el discurso de Sandra Myrna Díaz, que como
bióloga, conectó a los Premios Princesa de Asturias con la actualidad a través
de la preocupación por el deterioro medioambiental. "La aspiración de
consumir y acumular siempre más avasalla el derecho universal de gozar de una
relación plena con el tapiz de la vida", dijo la bióloga argentina.
"Esto es porque, siguiendo las leyes de la física y la biología, si
demasiadas hebras se devoran o se desechan en un sitio del tapiz
inevitablemente se producen rajaduras y agujeros en otros sitios del
tejido".
Y continuó: "Y no estamos hablando de unos pocos
agujeros, hay cada vez más agujeros y están muy mal distribuidos, en un proceso
de injusticia ambiental global a una escala inédita", continuó la
premiada. "¿Qué hacemos entonces? ¿Renunciamos a una pasión que viene
durando millones de años? Nuestros estudios dicen que no necesariamente;
indican que hay muy poco tiempo y va a ser muy difícil, pero aún estamos a
tiempo de retejer este tapiz y de reentretejernos en él".
Entre el público había representantes de algunas de las
empresas más importantes de la economía española, incluidos algunos de los
grandes grupos energéticos, patronos de la Fundación Princesa de Asturias. De
alguna manera, el mensaje los interpelaba a ellos especialmente.
El Mundo
18 de Octubre del 2019
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